lunes, 1 de febrero de 2010

Un almuerzo de Domingo

Laura salió a la huerta en busca de especias frescas para terminar de condimentar el almuerzo , el mediodía es templado y límpido , el sol remarca suavemente su figura dentro del vestido de algodón ; me gusta verla así .
Su sonrisa perlada en las mañanas , sobre todo los domingos cuando podemos estar juntos mucho más tiempo , me figura despertar junto a un ángel y dedico varios minutos a contemplarla semidormida antes de levantarme o rozar su piel de manera inocente y lúbrica a la vez .

Demuestra un singular esmero eligiendo las raciones de los frutos de la tierra , como ella suele llamarlos .
Si ; es su afición , podría decir que su actividad principal por el tiempo que invierte .
Ella me convenció de comprar esta vivienda , en un lugar relativamente alejado de la capital .
Debo levantarme temprano cada mañana y manejar casi dos horas para ir al trabajo , soy abogado , realizar presentaciones , vistas de causa y gestiones judiciales , ella se queda en nuestra vieja casa de campo reciclada y en seis horas por la tarde ejerce su profesión en una de las salas especialmente acondicionadas para ello .

Desde pequeña le atrajo la vida rural , a pesar de haber crecido en un barrio del conurbano como yo , a lo que se sumó su costumbre de rescatar perros lastimados o abandonados en la calle ; a nadie le sorprendió que decidiera estudiar veterinaria , y en medio de la cursada de materias comunes a todas las carreras en el primer año de universidad conoció a un chico que no sabía qué hacer con su vida y se interesaba en las leyes porque en ese programa no tenía matemática , el cual al observarla quedó fascinado con sus ojos .
Sobre la alacena , al igual que en la cocina de su madre y al igual que en la cocina de su abuela , reposa una muñeca hecha con espigas de trigo atadas a la altura del tallo , cuyas hebras hacia abajo forman una larga pollera campirana y algunos cortes superiores trenzados convenientemente constituyen los brazos que sostienen un manojo de flores en miniatura y un trozo de cristal , adornada con una simpática capelina de paja y un minúsculo vestido de tela blanca .
Esta artesanía se renueva cada 2 de Febrero ( Fecha de la Candelaria ) en una pintoresca festividad en la cual las mujeres jóvenes desfilan y sus madres obsequian preparados con manteca y queso de elaboración casera , recuerdo que en una ceremonia como esa fui presentado por Laura a su familia y comí un delicioso platillo realizado por su abuela , una dulce anciana que dejó escapar la palabra IMBOLC ante mi perplejidad y las risas de las adolescentes y quien me confió que ése ornato de trigo es de buen augurio en la elaboración de las comidas .
A juzgar por mi paladar en estos años de casado , sé que la muñeca funciona .


Creo ya haber dicho que conduzco alrededor de ciento veinte minutos cada vez que regreso o me dirijo al trabajo , pero al traspasar la puerta y sentir el aroma de la cena momentáneamente se suceden en mi mente instantes de mi niñez y las cocciones de mi madre los días invernales , cuando el calor del hogar lo transforma en un refugio del mundo cotidiano .
Mi progenitora solía pintar como hobbie , a veces tallaba en madera , sostenía que el mejor regalo era el que se realizaba con sus propias manos porque ponía parte de su alma en ello .
Laura profesa esa misma filosofía ; sus platos llevan mucho esmero y dedicación , combina sabores , planea la presentación de la mesa y no deja librado nada al azar , pues su faena culinaria alcanza hasta el hacer postres y bocadillos .
Ya que los jueves nos vamos y volvemos juntos , pues ella dicta una materia en la facultad de veterinaria , realiza un divertido despliegue los miércoles por la noche para que no se pierda el sabor de su comida casera , que termina de aderezar a nuestra llegada con pequeños cubos de colores .


En nuestra familia la cena es un momento íntimo , comemos en la cocina sobre una vetusta mesa de madera heredada de mi abuelo ; charlamos , peleamos y discutimos el día ; es cierto que ésta habitación carece de televisor , pero sí atesora un pequeño equipo musical que nos permite oir suaves melodías de gaitas durante la noche .
Con la música , nosotros , la fuerte iluminación , el calor de las cocciones , los aromas , juraría que a veces puedo transportarme a arcaicos hogares de familiares desconocidos en una tierra donde las estaciones suceden en fechas distintas .


Cualquiera juzgaría anticuado el empeño de Laura en la preparación de sus platos , pero he descubierto algo , es una forma pura de comunicarse , Katja , nuestro retoño más joven , comparte esas labores con ella , la hacen sentirse especial como si fuera una iniciada a un conocimiento hermético , al cual el resto de los mortales , en especial su hermano mayor , Agustín , le son totalmente profanos .
Independientemente de mi estado de ánimo siempre logra que me ría cuando hace batidos en un recipiente plástico con su sonrisa ahuecada por la falta de algunos dientes de leche y esos ojos vivaces de ave en su níveo rostro enmarcado por una lacia cabellera rubia similar a la de su madre .
:- Con lo natural despiertas , con la natural creces ,
con lo natural reposas , con lo natural te fortaleces .... -
Canta en su pronunciación graciosa , mientras sus manitas trabajan enérgicamente , esos versitos aprendidos de su madre ; quien a su vez lo aprendió de la suya y estoy seguro se avergonzará de esto cuando sea púber pero regocijará su alma cuando se lo enseñe a su hija .
Si bien yo también sé cocinar , y de hecho varias veces le he dado a Laura gratos agasajos , Katja mediante este acto mantiene un vínculo más estrecho con su madre .
Perdidos en comentarios sobre la cantidad de sal , pimienta , orégano y tomillo , se escurren fragmentos del día de escuela , si esto o aquello resulta más fácil , si Carolina o Marcela son mejores amigas , etc .
La tarea es solo un contexto , un medio .
Algo similar ocurre entre Agustín y yo cuando le enseño a gambetear , a marear , frenar la pelota y otros trucos del fútbol mientras se descorre ese velo tejido por la vergüenza cuando habla de sus cambios corporales , su incipiente interés en las mujeres de su edad , sus amigos o sus exámenes .
Cosas de hombres y cosas de mujeres , sostienen en el barrio .
Tanto Agustín como Katja , al contrario de los demás chicos , son amantes del consomé ; si bien Laura los varía ; zanahorias , espárragos , calabazas , unos toques de carne vacuna , pollo o pescado ellos parecen no cansarse y pedirlos seguido , causan admiración en las vecinas .
Debo confesar que en esta particularidad ayudaron bastante las historias para dormir de Laura y su madre y un gran caldero de hierro negro que decora nuestra cocina , herencia de alguna bisabuela de mi esposa ya que permaneció tantos años en su familia que es difícil precisar su origen .


Por la ventana entornada alcanzo a verlos en el patio trasero .
Laura reclinada entre algunas plantas sostenidas por su tutor de caña eligiendo tomillo o estragón ; Katja , atenta , a su lado .
Agustín , unos pasos más allá , juega con Hécate , un hermoso ejemplar de ovejero alemán hembra de tres años y medio que es nuestra guardiana y amiga , arrojando una y otra vez una pelota de goma escarlata que ella le retorna .

Observo también más al fondo abierta la antigua puerta de hierro soportada por viejos pilares de piedra , resabio de cuando la propiedad era una estancia , que da a la calle trasera y seguro Agustín dejó abierta al hablar con los chicos vecinos .



Mi nariz es inundada , entretanto , por los vapores de las ollas sobre las hornallas ; en una se está poniendo a punto una deliciosa sopa de calabaza que será nuestro primer plato y en la otra un tentador guisado de cordero con papas y batatas rebozando en su jugo , me distraigo pensando en el postre , una preparación de chocolate , vainilla y algunos toques de crema que aguarda en la heladera ; particularmente me encanta y cuya receta fue el regalo final de bodas que mi madre le obsequió a mi esposa .
Es entonces cuando oigo el grito .


Mis pupilas vuelven a elevarse sobre la ventana para descubrir a Laura cruzando la puerta a la carrera , su capelina caída metros atrás , no diviso a los niños .
Cruzo corriendo el patio , tal vez destrozo alguno de los plantíos desesperado por saber qué ocurrió .
Ya fuera contemplo el cuadro desgarrador , de seguro la pelota salio por la puerta abierta , Hécate la persiguió alegre .
El conductor no tuvo tiempo de esquivarla ni tampoco de detenerse .
La perra yace en la calle con sus costillas totalmente aplastadas , una gran cantidad espesa de sangre mana de su boca con cada exhalación .
Agustín llora , Katja se acerca ; intento detenerla para que sus retinas de siete años no guarden esta dolorosa escena , algo se posa en mi hombro .
Es la tersa mano de Laura que me susurra al oído que deje fluir la situación y crea en el corazón puro de Katja .
Mi hija se arrodilla junto a la malherida mascota , coloca sus manos sobre la hundida caja torácica y empieza a decir algo ; ininteligible para mí o para algún otro de los mortales .
No logro ser invadido por la desesperación porque el calor que emana de Laura serena mi espíritu , su presencia causa en mí la misma sensación de un rayo solar en filtrándose por la ventana un día de invierno y ahuyenta lo que hubiera sido enojo , dolor y tristeza por una calma marina conjugada con un sentir de seguridad y esperanza en algo que desconozco .
Veo o creo ver un minúsculo destello dorado que recubre la pequeña mano de mi hija y pronto crece y cubre todo su cuerpo y segundos más tarde también completamente al animal moribundo .
Dentro de ese haz su caja torácica se empieza a hinchar como un globo cuando se infla , la luz es muy brillante y de repente comienza a disminuir su intensidad .
Cuando desaparece por completo Hécate se yergue vigorosa y entra corriendo tras esa bendita pelota de un tono colorado chillón , no quedan vestigios de la otrora mancha de sangre derramada en el asfalto , Katja va tras ella con su risa embriagadora .
Agustín esta vez asegurará bien el cerrojo y comprendo que no habrá que regañarlo , que de ahora en adelante siempre cerrará bien el portón .
Laura me besa con su abrazo cálido mientras sostiene un manojo de ramitas verdes con pequeñas hojas redondeadas .
- Vamos antes que se queme el almuerzo – me dice sonriendo .
Caminamos en dirección a la cocina en silencio , abrazados como dos amantes que recién comenzaron su relación , y me brota una carcajada cuando de repente imagino la respuesta que daría si alguien me pregunta qué rasgos particulares de la familia anidaron en mi hija .

Leonardo Ariel Fortunato ( a L.V.G. )